Di los últimos pasos hacia la colina en la que se levantaba la atalaya. La puerta de madera podrida crujió y se quejó mientras la abría. La escalera, una espiral hacia mi locura, me elevaba hasta lo mas alto. Mirando hacia el horizonte, todo lo que veía era la oscuridad de la tormenta. Solo fugaces destellos me recordaban que hasta en la mas oscura tiniebla se puede encontrar la luz. Es el único consuelo mientras velozmente me acerco a mi destino de roca y sangre...
domingo, 19 de septiembre de 2010
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